Burnout
¿Y si el burnout es solo la forma elegante de decir que necesitamos un break?
¿Alguna vez has sentido que tu trabajo no te motiva, que las tareas que antes resolvías con energía ahora se sienten como una carga, o que incluso los pequeños logros ya no te generan satisfacción? Bueno, estas últimas semanas me he sentido así. Principalmente porque el proyecto en el que estuve asignado se volvió bastante desgastante, y quiero tomarme un tiempo para compartirles el porqué, para no perderlo de vista.
En la estructura del cliente hubo cambios significativos en la operación de su negocio. Cambios que, si bien pueden tener mucho sentido para adaptarse al mercado, no se planearon ni comunicaron de la mejor manera. Eso trajo consecuencias. Personas con muchos años en la empresa, de las cuales dependían varios proyectos y procesos, se fueron de un día para otro. Y con su partida se hizo evidente un problema enorme: la falta de documentación y roles definidos.
Muchas veces, por confianza, “falta de tiempo” o prioridades mal gestionadas, dejamos en segundo plano algo fundamental: definir bien los roles, responsabilidades y alcance de cada tarea. Que una persona cumpla varios roles en paralelo no es malo, pero si no se deja claro qué tareas corresponden a cada función, cuando esa persona se va se pierde una piedra angular y lo que sigue es el caos.
Ese fue, para mí, el detonante del cansancio acumulado. Las reuniones que debían durar 15 minutos pasaron a extenderse horas. Las expectativas de asumir tareas sin documentación ni responsables claros se volvieron enormes. Y la presión, simplemente agobiante.
Después de semanas de este ambiente, el cliente decidió, por razones de presupuesto, cortar nuestro contrato(Sigo con mi trabajo, solo me moverán a otro proyecto). Pero la combinación de caos, incertidumbre y desmotivación terminó pesando demasiado.
No es fácil salir de un proyecto después de tres años. Dedicar tanto tiempo a un cliente hace que muchas veces dejes de lado tu propia actualización. Y en estos tres años vimos un cambio brutal: el auge de la inteligencia artificial, que revolucionó la industria del desarrollo de software. Eso me confrontó con otra realidad: además del desgaste, sentía que estaba quedando atrás en temas clave.
Todo esto me llevó al burnout. Si no conoces el término, básicamente es cuando la saturación mental y emocional es tan fuerte que parece que se te “quema” el cerebro. Esa es mi definición (la que me sale ahora) una definición más precisa lo describe como:
“El síndrome de burnout o síndrome del trabajador quemado hace referencia a la cronificación del estrés laboral. Se manifiesta a través de un estado de agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajador.”
Si quieres profundizar más, te recomiendo el libro The Burnout Society de Byung-Chul Han. No es un ensayo sencillo de leer, pero ofrece una mirada filosófica y muy potente sobre cómo esta sociedad del rendimiento en la que vivimos nos empuja constantemente hacia el desgaste.
Yo no sé aún cómo va a resultar este momento del burnout. Este artículo no es un cierre, es simplemente compartir lo que siento en este momento. Lo único que sé es que de estas etapas siempre salen cosas buenas. Por ahora, decidí dedicar un tiempo para actualizarme en AI y AWS, y descubrí en el tenis una nueva pasión que me está ayudando a despejar la mente.
El burnout no desaparece de un día para otro, y aceptarlo es el primer paso. Hoy sigo en medio de esa etapa, pero lo importante es que empecé a reconocerla y a tomar decisiones para salir de ahí. Tal vez el mensaje con el que quiero cerrar es este: no ignores las señales. Si sientes que algo no anda bien, haz una pausa, habla de ello y busca nuevas formas de recuperar la motivación. Porque, aunque el burnout queme, también puede abrir un espacio para reinventarse.
